Los sonetos de Shakespeare en gallego: el sueño de la persona lectora
La traducción de Ramón Gutiérrez Izquierdo recoge las felicitaciones de la crítica.
En 1609 se editaba en Londres Shake-Speares Sonnets, una colección de 154 sonetos "never before Imprinted" [nunca antes impresos], que desde el siglo XIX se vienen considerando una de las cimeras de la cultura universal. Si la universalización de una obra se puede medir por las traducciones, desde finales del XVIII se hicieron unas 70 versiones completas en alemán, y hoy está vertida desde el latín al klingon. Las traducciones al español del libro completo tardaron (la primera, Luis Astrana Marín, es de 1941) y no llegan a una docena. El gallego acaba de incorporarse a ese club con los Sonetos de Shakespeare (Edicións Xerais de Galicia). Tanto ese estreno en nuestro idioma como la última y sin duda la más completa versión al castellano (en Visor) son de Ramón Gutiérrez Izquierdo (Ourense, 1956). Las dos recibieron las loas más expresivas por parte de la crítica, a pesar de que es la primera incursión importante en el género de su responsable (en 1984 había traducido, con Gonzalo Navaza, un libro de Douglas Gifford sobre mitología americana) y, ya puestos, también en la poesía.
"Desde muy joven comprobé la fascinación generalizada por los Sonetos, su influencia en la literatura o en el cine, pero yo, que siempre me tuve por buen lector, no entendía como aquellos jeroglíficos abstrusos que lía en castellano podían tener tanta fama. Así que decidí resolver una duda: o yo no era tan bueno lector o resultaba que las traducciones no eran idóneas, precisamente. Me era más cómodo creer el segundo", asegura Ramón Gutiérrez, que se licenció en Filología y Ciencias de la Educación, y en la actualidad es profesor de lengua y literatura gallegas en el campus de Ourense de la Universidade de Vigo. La traducción de una obra poética afronta el problema, a mayores de los de cualquier recreación de un texto en otro idioma, de limitarse a reproducir el contenido (de hecho, Astrana Marín los tradujo en prosa), o bien intentar mantenerse fiel a la métrica, a la rima o al ritmo. Gutiérrez afrontó todos los retos a la vez: mantener el sentido, la métrica y la rima y además, como afirma en el prólogo, procurar que "el resultado suscite en el lector la ilusión de encontrarse ante un texto poético original". Y mismo de la época.
"Examina otras versiones y verás que hay versos ininteligibles. Los traductores dominan el inglés, pero sin comprender plenamente el poema y su contexto cultural solo se producen enxendros que manchan el nombre de Shakespeare. Son muchas las dificultades derivadas de las ambigüedades, de los juegos de palabras, del argot sexual de la época," dice Gutiérrez por teléfono. El resultado, a mayores del consabido logro de llenar un vacío, "revela fidelidad y también seducción rítmica", segundo consideró Ángel Rupérez en Babelia. "Una traducción rigurosa y soberbia. La espléndida versión de Ramón Gutiérrez me hay conmovido. La profundidad de él pensamiento abisal, la hondura de él aliento poético, la zozobra de él sentimiento inacabable si desprenden tibiamente, como él río que en el cesa, de los sonetos de Shakespeare", para la pluma ditirámbica del académico de la Española Luis María Anson.
Todo ese trabajo (que se refleja en la traducción de los sonetos y también en la explicación de todos y cada uno, que ocupa en la edición de Xerais más páginas que la propia obra), fue el fruto del sueño de un lector, pero le llevó algo más que una noche de verano. Fueron diez años. Como sin duda ignoran Anson y los otros críticos de la edición de Visor, la traducción al castellano es en cierto medida una versión de la gallega. "Dediqué ocho años a la traducir en gallego. Hice más de diez versiones completas y de algunos sonetos hasta 14. Luego terminé en dos años la versión de castellano, porque me valieron muchas de las soluciones que había forjado" "en gallego". Aun así, la exigencia por mantener la musicalidad y la rima determinó diferencias. Por ejemplo, la primera estrofa del primer soneto reza en gallego: "Queremos que procreen as belas crïaturas, / e que non morra nunca a rosa da beleza, / senón que cando murche, co tempo xa madura,/ nun tenro herdeiro dela reviva e permaneza". En castellano se convirtió en: "Queremos que procreen las bellas criaturas, / y que jamás la rosa de la belleza muera, / sino que ya marchita, después de que madura / de su memoria serla su estirpe la heredera".
Desde la perspectiva del "no profesional" que dio conquistado uno ocho mil, Gutiérrez Izquierdo considera que el nivel de la traducción al gallego "es muy satisfactorio. Hay obras que disfrutan de una mejor traducción que al castellano. La del libro de Amin Maalouf A viaje de Baldassare.
La versión de Xavier Queipo y Dolores Torres París en Edicións Xerais es muy superior a la publicada en castellano, como se evidencia desde la primera página. También son muy buenas las traducciones de Shakespeare que hizo para Galaxia Miguel Pérez Romero". El introductor de la poesía shakespereana al idioma de Rosalía no tiene ningún proyecto de traducción en perspectiva, "ni es una tarea a la que he pensado dedicarse. En un país en que las autoridades culturales no consideran que sea "un gran proyecto" traducir el Ulises de Joyce tampoco tiene que sentir mucho.
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