El triunfo de la emigración

Artículo de opinión de Jesús de Juana, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidade de Vigo y director de la UNED en Ourense, publicado en el diario Faro de Vigo.

'El triunfo de la emigración ', por Jesús de Juana.
"El triunfo de la emigración ", por Jesús de Juana.
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Vigo, 14 de febrero de 2013.

El modo de entender la galleguidad como la identificación de la gallega y el gallego esparcidos por todo el mundo contribuye a cambiar la valoración de la emigración de una forma positiva, dignificando a las personas emigrantes, universalizando sin complejos sus esencias y enorgulleciéndose de su forma peculiar de estar en el mundo. Distinta pero no distante. Exclusiva pero no excluyente. Integradora pero propia. La importancia de esta universalidad de la galleguidad tiene la virtualidad de que facilita la adaptación a cualquier nueva circunstancia y de que cualquier gallego o gallega pueden ejercer de ciudadano o ciudadana del mundo sin renunciar a su identidad ni a sus orígenes. En el fondo, este es el triunfo de la emigración, porque permitió a los gallegos y gallegas trascender su marco territorial ("ius soli") manteniendo su vinculación a una familia, a un pueblo ("ius sanguinis").

Sin duda los valores y derechos individuales de las personas son anteriores y más profundos que los colectivos, pero tenían que convivir y coincidir todos del mejor modo posible sin enfrentarse. Del mismo modo, los valores y el pensamiento político y social en nuestro mundo occidental tienen que permitir y tolerar la manifestación y la integración de lo particular, y así poder llegar "al vínculo entre lo universal y la exigencia de tener raíces", que diría E. Morin.

El imparable proceso de globalización y mundialización de las relaciones económicas y sociales formula numerosos interrogantes sobre qué papel desarrollan en el futuro el conjunto de los referentes identitarios sobre los que tradicionalmente se construyeron los diferentes pueblos. Parece evidente que una parte de ellos se encuentran seriamente amenazados por este mismo proceso y por la perspectiva uniformizadora que deriva de la imposición de los valores y modos de vida del centro capitalista. Las relaciones entre los pueblos y las culturas no son nunca neutras y raramente se producen en términos de igualdad. Los procesos de endoculturización o de inserción de los préstamos e innovaciones procedentes de otra cultura en la propia dependen de una multiplicidad de factores, las más de las veces relacionados con su aspecto práctico, con su utilitarismo, que al cabo es lo que determina la disponibilidad social para aceptarlos, para asumir su socialización. Desde esta perspectiva, la práctica universalización en nuestro entorno de las formas de vida, los valores y las pautas emanadas de este mismo centro constituyen un mecanismo de fagocitación cultural que forzosamente tiene que repercutir en el modo tradicional de la particular cosmovisión de cada pueblo.

Pero no es menos cierto que dentro de ese mundo global y fuertemente sincrético la esencia de lo que llamamos galleguidad tiene una valoración social francamente positiva dentro de Galicia. Incluso, paradójicamente, en las generaciones más jóvenes, aunque no la practiquen o no se sientan depositarios en su integridad de ella. Fundamentalmente porque fueron educados, a diferencia de sus padres y, sobre de todo, de sus abuelos y abuelas, en la idea de que tales referentes son positivos; de que son un bien preciado, algo que debe ser conservado porque, además, forma parte de la esencia de Galicia.

 

Fuente: Faro de Vigo

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