Los emigrantes gallegos ven en la Red otra manera de mantener las raíces.

José Luis Tomé, quien viajó por motivos de trabajo a Buenos Aires en los años noventa, relata ahora su experiencia en la ciudad porteña. Aunque él usa asiduamente la Red para mantener el contacto con los suyos, se muestra muy escéptico ante la idea de que algún día sustituirán por completo los típicos lugares de reunión, como los centros gallegos.
Si hay algo que tiene muy claro José Luis Tomé es que, ahora, los vecinos no son sólo precisamente quienes viven en la casa de al lado. La forma de relacionarse en la sociedad actual es ajena a la tradicional, de corte piramidal, ya que en el sistema moderno las relaciones sociales nace en la Red.

Y a esta circunstancia hay que saber adaptarse. «Para mí no fue muy difícil -explica un gallego que lleva una década asentado en Buenos Aires- pues por mi trabajo del que hace un año me jubilé, me tenía en contacto perenne [con Internet]». «Eso sí, amén de manejar mis correos, mis exploraciones, mis cosas, que lo hago bastante bien, creo que estoy lejos de otras variantes valiosas, pero poco a poco», comenta.

Cuando se le pregunta por las páginas web que suele ver con mayor asiduidad, José Luis Tomé señala que «de Galicia, por lo veo yo y escucho a gente, lo que más se ojean son las páginas de los periódicos gallegos. Es un orgullo que se hagan referencia a los emigrantes».

«Yo tengo acceso continuo al correo electrónico, mis e-mails es mi contacto predilecto, ya que ello me permite tener relación con la familia», cuenta. Internet se ha visto como una herramienta fundamental a la hora de evitar la pérdida de contacto con los suyos. La mayoría de sus hermanos, con los que se comunica meditante correo electrónico, residen en Galicia. Dos de sus hijos, sin embargo, viven y trabajan en Inglaterra. No obstante, para mantener la relación con todos ellos, el correo electrónico es fundamental.
Aunque mantener el contacto mediante la Red tiene muchas ventajas, José Luis Tomé es muy consciente de que «la mayor parte de los viejos emigrantes no saben manejar un ordenador. Sus hijos y nietos son los quienes lo hacen por ellos».

Los centros gallegos
Aunque el uso de la Red esté extendido, José Luis Tomé piensa que a la hora de mantener el contacto entre los propios gallegos que residen en Buenos Aires, la labor de los centros es prioritario.
«Normalmente, la Xunta de Galicia en Buenos Aires está llena de gente. Todos son gallegos o hijos de gallegos (los más abundantes), que acuden a ella generalmente para pedir ayudas, como para hacer viajes a Galicia o para pedir solicitudes para ayudas sociales», narra. «En Buenos Aires existen también numerosos centros de gallegos. Yo voy a algunos y, en general, los presentes son personas de edad, jubilados, como yo». Para José Luis, esos emigrados tienen en común que «todos echan de menos su tierra, sus raíces, pero están tan asentados en este país que, la verdad, les es difícil desear volver». «Volver, en el fondo es recrear el pasado y claro, del pasado, no se vive. Es la realidad», explica este emigrado.

Pero entonces... ¿las redes sociales serán capaces de sustituir algún día a las reuniones de los emigrantes? Para el coruñés, que en la actualidad reside en Buenos Aires, José Luis Tomé, «estos centros gallegos no dejan de ser interesantes. Aquí hay escuelas, bailes, clases de gaitas y actos con los que todo el mundo disfruta».
De este modo, la clave es que «prácticamente todos los gallegos que hay son personas de más de 60 años, pues las últimas emigraciones aquí fueron a mediados de los años sesenta y, las más numerosas, tuvieron lugar muchos años antes». Él mismo reconoce que su situación es «una excepción», ya que vino a vivir a Argentina en los años noventa. José Luis Tomé se muestra muy escéptico ante admitir que Internet sustituirá algún día a los centros gallegos «de la quinta provincia» o a los lugares de reunión físicos de los emigrados.

No obstante, lo que sí tiene claro es que la vecindad ya no es una cuestión territorial: el juego social opera por distancias y proximidades, que ya no se relaciona con el espacio geográfico o el tiempo real. La globalización es un fenómeno que acorta distancias. Ahora, la tecnología es capaz de hacer que muchas familias de emigrados no pierdan el contacto gracias a la interacción que ofrecen las pantallas de catorce pulgadas.

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