MENSAJE DE FIN DE AÑO DEL PRESIDENTE DE LA XUNTA DE GALICIA, ALBERTO NÚÑEZ FEIJÓO

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, pronunció hoy su discurso de Fin de Año. Foto: Conchi Paz
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, pronunció hoy su discurso de Fin de Año. Foto: Conchi Paz
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Santiago de Compostela, 31 de diciembre de 2013.

 

Buenas tardes.

Estamos en el Centro de Transfusión de Galicia, en el mismo lugar donde la noche del 24 de julio, miles de gallegos y gallegas respondieron ante la mayor catástrofe de nuestra historia, y lo hicieron de una forma de la que nos sentimos orgullosos y orgullosas.

Quiero que las primeras palabras sean de recuerdo para las personas fallecidas en la tragedia de Angrois, de aliento para sus familias en estas fechas tan señaladas.

Pero quiero también acordarme de las gallegas y los gallegos que aquella noche se acercaron hasta aquí para donar la sangre que necesitaban a las personas heridas, así como de todas y todos los que de una u otra manera colaboraron, ayudaron, o cumplieron con su deber de socorrer a las y a los afectados. Aquella fatídica noche vimos una Galicia a disposición de Galicia.

Mi presencia aquí es una manera de rendirle homenaje a todas y todos los que, desde este mismo lugar, demostraron que el nuestro es un pueblo solidario y un pueblo unido. Gracias de todo corazón.

Galicia se mostró, como siempre hizo en los momentos difíciles, como una familia grande que camina junta desde tiempo inmemorial, y quiere mantenerse unida en el futuro. Sabemos de donde venimos, sabemos donde estamos y sabemos a dónde vamos.

En estos días de reunión, los gallegos y las gallegas tenemos la suerte de congregar en torno a la misma mesa a diferentes generaciones. Nadie más apto que nuestras y nuestros mayores para recordarnos que ningún tiempo pasado fue mejor. Sus memorias ayudan a entender con perspectiva la encrucijada en la que se encuentra nuestro país. Es una situación difícil que exige esfuerzos y sacrificios. Mas allá de las estadísticas, la crisis afecta a personas que ven en peligro sus posibilidades, en riesgo su proyecto vital.

Quien tiene responsabilidades públicas ni puede ignorar esos dramas que están al nuestro redolor, ni puede engañar a la gente afirmando que las soluciones son simples. No lo son.

Hay que dar respuestas que no sean efímeras, que permitan robustecer la sociedad y la economía, que garanticen la continuidad de esa idea común que llamamos Galicia.

La gran diferencia entre estas turbulencias y las que tuvieron que padecer las y los que nos precedieron, es que nuestra tierra no está sola, ni carece de herramientas propias para erguirse de nuevo. Formamos parte de un mundo que supo conciliar libertad y desarrollo. Compartimos con ese mundo desafíos, inquietudes y medidas destinadas a preservar un modelo de vida que queremos para nosotros y para quienes nos han de suceder.

Preservarlo no es posible con el inmovilismo. Todo lo que conseguimos en la democracia puede morir si no somos quien de ajustarlo a las nuevas necesidades. Estamos haciéndolo con decisiones que son muy semejantes las que tienen que adoptar muchos padres y madres de familia.

Su responsabilidad no les permite negar obstinadamente los problemas o posponer temerariamente las soluciones. La nuestra, tampoco. Ellos y ellas quieren para los suyos lo mejor dentro de las condiciones que vienen impuestas por la realidad. Nosotros, también.

En vísperas de la llegada del nuevo año, Galicia puede mirar la recuperación con la confianza que da el deber cumplido. Hemos logrado que lo sustancial de la Autonomía del bienestar esté intacto, y todos los gallegos y gallegas pueden tener confianza plena en la solvencia y en la continuidad de los Servicios Públicos. Este Centro de Transfusión de Galicia, que justamente este año 2013 cumplió su 20 aniversario, es ejemplo de un modelo público de bienestar en pie desde hace mucho tiempo y que, pese a la crisis, estamos siendo capaces de mantener y de mejorar.

Además de eso, nuestro país ofrece una estabilidad social y política que contrasta con aventuras que llevan a otras comunidades a la división y a la incerteza. Para nuestra idiosincrasia, no es fácil entender que las instituciones sirvan para crear hendiduras artificiales, agravios fantasmagóricos y objetivos imposibles.

Crear frustración no es el objetivo de la política democrática. Generar identidades excluyentes, conduce a enfrentamientos que pueden tardar en cicatrizar. Frente a ese modelo convulso, los gallegos y las gallegas seguimos otro tranquilo.

Nuestra identidad es tan fuerte como cualquiera, pero no precisa inventar enemigos, ni erigir fronteras, ni fomentar el aislamiento. Vemos en España una patria común y solidaria, y en Europa un marco de convivencia compartido.

No recelamos de los vecinos, sino que siempre vemos en ellas y ellos aliados con los que unir esfuerzos. Galicia, en definitiva, es responsable y fiable.

Así lo ven aquellos y aquellas que en los últimos tiempos decidieron compartir con nosotros su energía. Galicia es una de las comunidades autónomas más atractivas para inversiones foráneas. La llegada de inversores a los sectores más diversos, desde el naval hasta la banca, es una muestra de que emprendedores y multinacionales importantes quieren iniciar una andadura con nosotros. Confían en nuestra capacidad, en nuestra calidad humana y profesional.

Ciertamente, no creo que sea casual que buena parte de esos capitales proceda de naciones donde nuestra gente sembró un prestigio que pocos otros pueblos tienen. Saben cómo somos y creen en nosotros y en nuestras capacidades.

Galicia está en el mundo y el mundo está en Galicia. Cumplimos así uno de los requisitos fundamentales para iniciar la fase de la recuperación. Ese reconocimiento internacional certifica que la sociedad gallega está haciendo bien las cosas.

Esa apuesta por nosotros de compañías habituadas a evaluar con precisión las posibilidades de un territorio, evidencia, que estamos en el buen camino. Los esfuerzos no son estériles.

Decir la verdad es el primer mandamiento de un gobernante. Cuando Galicia inició su ofensiva contra la crisis, el diagnóstico no admitía paliativos: estábamos en una situación de emergencia. Negarlo entonces era irresponsable. Negar ahora que se atisba un nuevo horizonte, es abonarse a un pesimismo que en nada ayuda a reiniciar la senda del crecimiento. Europa, España y Galicia están saliendo poco a poco de su convalecencia. Hay que decirlo con tanta prudencia como convicción.

Les decía que hablarles desde este Centro de Transfusión es una manera de rendir homenaje a nuestra solidaridad. Ningún gallego o gallega son ajenos para otra u otro gallego. Existe entre nosotros un vínculo que ni siquiera puede romper a distancia, como lo demuestra el hecho de que Galicia sea algo presente y vivo en la emigración.

Lo que nos identifica es la capacidad para arropar al compatriota en dificultades, para socorrer al que precisa de nuestra ayuda. No somos un país por estar juntos, sino por hacer cosas juntos y unirnos frente a la adversidad.

El mundo contemplçó admirado la reacción de las y los gallegos ante de la catástrofe ferroviaria de Angrois. Aquellas jornadas quedaron ya inscritas para siempre en nuestra historia. En los lugares más alejados del mundo, millones de personas sintieron que aquellos hombres y mujeres que rescataban, cuidaban o consolaban, estaban representando lo mejor del género humano. Hace falta conservar ese espíritu y hacer de él nuestra divisa. Yo pienso que los gallegos y las gallegas somos así y queremos seguir siendo así.

Con ese deseo, expreso mi felicitación a todas ytodos. Somos un gran pueblo que viene de lejos y quiere ir lejos. Confiemos en nosotros. Miremos el futuro con decisiój.

Les deseo buenas fiestas y un 2014 que dé respuesta a todas nuestras esperanzas.

Muchas gracias.

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