MENSAJE DE FIN DE AÑO DEL PRESIDENTE DE LA XUNTA DE GALICIA, ALBERTO NÚÑEZ FEIJÓO

  • Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia
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Santiago de Compostela, 31 de diciembre de 2016.

 

Buenas tardes.

Como sucede en todas las sociedades plurales, Galicia celebra estas Fiestas de diferentes maneras. Pero todas coinciden en resaltar nuestro espíritu comunitario. Reunión, reencuentro, familia, amistad, son ideas comunes a todos nosotros en estas fechas. Todos somos partícipes de las tradiciones que otros nos legaron, sentimos el recuerdo de los que faltan y compartimos esperanzas.

La democracia tiene sus raíces en el deseo de sentir y hacer cosas juntos. La democracia precisa ser afectiva y efectiva.

Sin afectos no pasa de ser una formula fría.

Sin eficacia, incumple uno de sus principales propósitos.

Los gallegos estamos logrando que la autonomía nos cohesione aún más, por encima de diferencias ideológicas, territoriales o generacionales. Construimos un país de afectos en el que las discrepancias siempre tienen un camino para llegar al acuerdo, y donde el acuerdo surge tras normales discrepancias.

Cada día, en los centros de trabajo y de investigación, en las asociaciones cívicas y en colectivos diversos, los gallegos acuerdan y deciden juntos. Es algo cotidiano y espontáneo, que explica la vitalidad de nuestra tierra.

Deseo que ese espíritu se traslade a la vida pública, sin menoscabo de un debate que siempre es enriquecedor. No estamos los políticos condenados a entendernos porque el entendimiento nunca puede ser una condena. Estamos animados a hacerlo para estar a la altura del ejemplo que nos proporciona nuestro pueblo.

La dimensión de los retos reclama puntos de encuentro. La recuperación bien patente de nuestra economía solo será irreversible y completa con las medidas idóneas, con la potenciación de los sectores tradicionales, el impulso a los nuevos y el resurgimiento del medio rural.

Esa Galicia menguante que reflejan los datos demográficos exige una reacción política y social unánime, semejante a la que se produjo en otros países de nuestro entorno con notable éxito.

La lucha contra la criminal violencia machista reclama un frente común contra los verdugos, donde no caben fronteras partidarias.

La exclusión social es un enemigo común que no permite matices ni dudas.

Gobernar para los gallegos, en definitiva, no es otra cosa que gobernar como los gallegos. Si esa cohesión política resulta imprescindible para consumar objetivos internos, también lo es para conseguir el peso necesario de Galicia en decisiones que afectan al conjunto de España.

Galicia no quiere más que nadie pero tampoco menos. No aspira a ningún privilegio, pero tampoco los aprueba. Aboga por esa nación equilibrada y solidaria que consagra la Constitución hecha y refrendada por todos.

En materia de financiación autonómica o en infraestructuras como el AVE el interés permanente de Galicia está y estará basado en la justicia y en el trato ecuánime.

La Xunta, las fuerzas políticas y la sociedad gallega en su conjunto, tienen el derecho y el deber de hacer valer esos principios en todos los foros, y delante de todos los poderes públicos. No se trata de compromisos con Galicia, sino también de compromisos con la España cohesionada y articulada de la que orgullosamente formamos parte.

Somos los gallegos una democracia afectiva y también una democracia efectiva que va resolviendo problemas con pasos progresivos. ¿Son esos pasos tan rápidos como querríamos para acabar con el drama del paro? No. Está culminado el camino para que, por ejemplo, el nivel salarial sea el idóneo? No. Son preguntas y respuestas aplicables a otras situaciones humanamente dolorosas que piden actuar con constancia. ¿Pero avanzamos? Sin duda. Social y económicamente hoy estamos mejor de lo que estábamos hace un año.

Amigas y amigos. En fechas recientes el pueblo gallego manifestó su voluntad en las urnas. Dijo lo que era, y lo que quería ser. Valoró el pasado, pero sobre todo expresó sus deseos de futuro.

Ese futuro nos necesita a todos. Si en el faltase una gallega o un gallego, estaría incompleto. Si no aspiramos a recuperar en ese futuro a los compatriotas que trabajan fuera, sería un mañana truncado. Nadie es prescindible en la Galicia que nos une.

Formamos un país grande que participó y participa en las grandes aventuras de España, Europa y el mundo.

Pero también un país donde todos nos podemos llamar vecinos.

Y como vecino quiero sumarme a los mejores deseos del año que va a comenzar para todos. Sé que en todas las familias, también en la mía, hay ausencias, hay preocupaciones, pero también hay ilusiones que se hacen quizás más patentes en estos días.

En lo bueno y en lo menos bueno, espero que Galicia siga el ejemplo que se da en la mayoría de nuestras casas. Una Galicia que afronte los problemas y luche por sus sueños unida. Todos juntos.

Muchas gracias y buen año 2017 para todos.

 

 

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