del mismo año, donde se ordena el cese del goce de sueldos para los miem-
bros del Tercio de Gallegos, en forma retroactiva al 1º de enero.
Arribado a Buenos Aires el nuevo y último Virrey del Río de la
Plata, D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, para calmar los ánimos, resuelve
con fecha 22 de septiembre restituir el honor de los regimientos españo-
les, pero sin permitir su reestructuración; decisión que lamentaría amar-
gamente tan solo un año después: “…
Los Cuerpos vizcaynos, catalanes y
gallegos que en unión con los demás voluntarios de esta ciudad han hecho los
más notables servicios a la Patria no han desmentido la elevada idea a que se
han hecho acreedores por solo una parte muy corta de ellos que se separaron de
sus deberes en aquella conmoción, y por lo tanto se les entregará por el sargen-
to mayor de la plaza de las banderas y armas de que fueron despojados. Pero no
debiendo subsistir estos cuerpos bajo sus antiguas denominaciones según el
nuevo plan de fuerza armada que acaba de publicarse integrarán los batallones
del Comercio…”
Hasta aquí, todo hacía suponer que el Tercio de Gallegos nunca más
se volvió a reagrupar. Con certeza podemos verificar en variada docu-
mentación de época que, hasta finales de 1809, seguían en sus funciones
la mayoría de sus integrantes; perdiéndose su historia luego de la
Revolución acontecida el 25 de Mayo de 1810.
Los miembros y el espíritu del Tercio de Gallegos, estuvieron pre-
sentes en las Jornadas Mayas que trajeron la libertad y el nacimiento de la
República Argentina, como así también en la posterior Guerra por la
Independencia, manteniendo con absoluta coherencia sus inalterables
ideales. Así, el Comandante Cerviño fue uno de los cabildantes de Mayo
-donde también participó decisivamente D. Manuel Belgrano-. El 25 de
Mayo de 1810 -jornada de trascendencia tal que pasaría a ser el “Día de la
Patria”- la revolucionaria decisión que se tomó fue la de deponer al virrey,
nombrando la Primera Junta de Gobierno, presidida por D. Cornelio
Saavedra; coincidiendo escrupulosamente con lo planteado el año ante-
rior por la intentona en la que participó el Tercio de Gallegos.
Un detalle que merece la atención es que -al igual que el año pre-
cedente-, la opción era seguir fieles al Soberano D. Fernando VII, o
crear un gobierno criollo independiente. Estos bandos se identificaban
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