Imperio Español, fueron otros tantos rayos que reunidos en un fogoso incendio,
nos hizo ver á V.E. como el unico general digno de ponerse al frente de los hom-
bres patriotas. Por fortuna nuestros deseos no estaban reñidos con la suprema
autoridad de las Leyes que reconocen por fueros de Castilla semejantes esfuer-
zos de la lealtad Española. Tubo la dignacion V.E. de prestarse a nuestros dese-
os reconocida su legitimidad, y el vecindario pusso á su arbitrio las haciendas y
vidas garantes de sus ofertas. El pueblo satisfecho de sus deseos, ansiaba por la
ocasion en que dar una plena probanza de la rectitud de sus operaciones. La
noticia comunicada como cierta de que el enemigo bolveria al ataque con mayo-
res fuerzas se recivió por el honrrado vecindario con el gozo de que le llegaria la
apetecida ocasion de glorificarse en sus aciertos; y con este noble impulsso, se
entregó á los preparativos. No es facil discernir en reglas de buena critica qual
ha sido mas plausible, si la intrepidez de la pelea ó la constancia de los exerci-
cios que á ella decian tendencia. De dos y tres leguas de distancia no bien mani-
fiesta la primera luz del día, acudian los hombres á tomar leccion del manejo del
arma, se veian llegar á los puestos del exercicio dos y tres personas sobre un
caballo. Estos Pobres que no tenian arbitrio de costearse, cumplian á sus espen-
sas con el noble caracter de voluntarios vendiendo para ello sus mueblecitos
menos utiles, ni encontraban oposicion alguna en sus familias. Generalizado el
entusiasmo, nuestras mismas mugeres prestaban animo, resueltas á correr antes
los riesgos de la viudez, y orfandad de sus hijos que verse otra vez opresas baxo
el pesado yugo del enemigo. Los vecinos acaudalados empezaron á sostener el
patriotismo de los pobres: con este empeño, y esta constante y continuada apli-
cacion antes de cinco meses tuvo V.E. la apenas creible satisfaccion de ver un
exercito vistosamente uniformado, y sino completa mas que medianamente ins-
truido en el manejo de las armas y evoluciones, y puede decirse que muy exce-
dente á la mejor tropa de linea en el acierto del blanco.
No pudo ser más oportuna la primera magnifica reseña de este patriotico
exercito, pues el dia I6 de Enero de 1807 desembarcando los enemigos en el
Buceo, dirigieron sus aproches contra la Plaza de Montevideo. Esta fortaleza
dexaba de serlo por todo el costado del Sud, que parecia que cubrian murallas,
siendo apenas unas antiguas, baxas y debiles paredes. De este jaez era un trozo
de gentes que se aplicaba el nombre de Exercito de observacion, compuesto de
tropas indisciplinadas, inexpertas y sin parapetos en que poder apoyar su ardor.
En tal conflicto aquel honrado pueblo se vió forzado a preferir el ultimo peligro
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