de españoles en Cuba y el más urbanizado de
todos ellos. Está aún por explicar este comporta-
miento. ¿Eran tal vez los emigrantes gallegos
menos dados que otros a entusiasmos patrióti-
cos?, ¿estaban menos vinculados al grupo de
grandes comerciantes y hacendados españoles?,
¿preferían mantenerse neutrales en una guerra
que no veían como suya? Éstas y otras preguntas
se nos ocurren ante tan peculiar fenómeno.
Entretanto, los gallegos continuaban afluyendo,
ya sea como soldados movilizados, ya sea como
emigrantes civiles.
Ciertamente la guerra no impidió que la
corriente inmigratoria continuara afluyendo. El
profesor Maluquer de Motes afirma que “La
inmigración cantábrica en Cuba quedó paraliza-
da por la Guerra de los Diez Años entre 1868 y
1878, optando por otros destinos en el conti-
nente”
12
(se refiere con “inmigración cantábrica”
a la procedente del Norte de España). Lo cierto
es que entre 1868 y 1880 llegaron a Cuba
163.176 inmigrantes españoles
13
. Y justamente
es en esos años cuando los gallegos comienzan a
organizarse y aparecen las primeras publicacio-
nes, todas ellas de signo regionalista.
El conflicto cubano no fue óbice para que los
gallegos encontraran en la isla un ambiente pro-
picio a desarrollar empresas culturales y asociati-
(10 de octubre de 1868), obligó al gobierno
español a reforzar la presencia militar en la isla.
El triunfo de la Revolución del 68 en España no
supuso ningún cambio de actitud de las nuevas
autoridades con respecto a Cuba. Los generales
de “La Gloriosa” tenían fuertes vínculos con la
isla. Algunos de ellos (Serrano, Dulce) habían
sido Capitanes Generales en La Habana; otro
(Prim) lo fuera de Puerto Rico y sus mujeres eran
americanas. Todos tenían relaciones e intereses
comunes con la oligarquía azucarera criolla ade-
más de lazos de parentesco por vía matrimonial.
Ninguno de estos militares levantaba simpatías
entre los sectores hispanófilos de Cuba que los
veían demasiado escorados hacia la izquierda. A
su vez, los revolucionarios de septiembre, aun-
que próximos a ciertas tesis reformistas del patri-
ciado criollo, de ninguna manera estaban dis-
puestos a admitir la separación de la isla. Si la
oligarquía hispana promovió su propia política
antiseparatista organizando y armando los
Batallones de Voluntarios en los que se encua-
draban dependientes de comercio, obreros taba-
caleros y empleados de servicios urbanos, es
decir, sus propios asalariados que eran en su
mayor parte españoles, el Gobierno de Madrid
movilizó rápidamente efectivos. Entre 1868 y
1879 llegaron a Cuba 204.579 militares. Resulta
ilustrativo comparar los siguientes datos:
Mientras que algo más del 25% de los soldados
enviados a Cuba procedían de Galicia represen-
tando la población gallega tan sólo el 11,40% de
la española (lo que ilustra sobradamente sobre el
sistema de reclutamiento de la época), los galle-
gos movilizados en Cuba para formar parte de
los Batallones de Voluntarios eran el 8,24%,
muy por debajo de los porcentajes de canarios
(24,85%), asturianos (20,87%) o catalanes
(17,29%). Incluso ligeramente inferior a los
cántabros (8,87%) a pesar de que, como antes
quedó indicado, representaban el tercer grupo
Casas de indianos
21
12
O. C.
en Nota 11.
13 Yáñez Gallardo, C.:
La emigración española a América (siglos XIX y XX). Dimensión y características cuantitativas
. Archivo de
Indianos, Colombres, 1994.