Tres visiones de por qué los gallegos escogieron Panamá como destino

  • Para Alonso Roy, miembro fundador del Partido Solidaridad de Panamá, «los españoles, que venían al Istmo, eran hombres jóvenes, bien formados, y robustos, en otras palabras, en perfecto estado de salud y muy aptos para las fuertes y agobiantes tareas de las excavaciones por pico y pala, expuestos a lluvia o sol y en ambientes calorosos y húmedos».

El siglo XX estuvo marcado por la llegada de emigrantes gallegos desde el otro lado del charco. No solo Argentina, Cuba, Uruguay o Brasil fueron los países receptores de mano de obra procedente de Galicia, también Panamá, aunque no formaba parte de estos destinos principales, absorbió a una gran parte de la diáspora gallega que optó por poner rumbo a esta pequeña República de América Central. Su objetivo: participar en las obras de construcción de un gran canal que enlazaría el inmenso océano Pacífico con su homólogo Atlántico.

Para la técnico documentalista del Arquivo da Emigración Galega, perteneciente al Consello da Cultura Galega, Carolina García Borrazás, muchos emigrantes gallegos optaron por Panamá como nuevo destino después de la firma (Washington, 18 de noviembre de 1903) del Tratado Hay-Bunau-Varilla. La distribución de los trabajadores adoptó connotaciones de segregación racial. Por un lado, los trabajadores pertenecientes al sistema «gold roll» eran norteamericanos que realizaban trabajos cualificados. Su jornada laboral era de 8 horas, pudiendo disfrutar de seis semanas de vacaciones. Una situación bien distinta vivían los trabajadores del sistema «silver roll». Estos eran en su gran mayoría obreros europeos y antillanos y se dedicaban exclusivamente a trabajos de «pico y pala», soportando jornadas de 10 horas. Hay que destacar que el salario de los antillanos era incluso inferior al de los europeos, algo que acrecentaba aún más la segregación racial. «Pódese afirmar que a categoría á que pertencía cada traballador determinaba o seu propio estatus dentro da Zona da Canle» explica Carolina García en su estudio que lleva por título Galegos na construción do Canle de Panamá (1904-1914).

Es a partir de 1905 y coincidiendo con la toma de control por parte de los estadounidenses de la construcción del canal, cuando se produce la contratación masiva de mano de obra española. Los trabajadores españoles que formaron parte de esta inmensa obra constituyeron el 18 por ciento del total, ocupando el segundo puesto numérico en cuanto a extranjeros, después de los obreros antillanos. «En España realizábase a divulgación dun folleto que contiña abondosa e minuciosa información sobre as condicións nas que os emigrantes españois se incorporarían ás cuadrillas de traballadores contratados pola Panama Canal Commission (PCC)», señala la experta.

Para Alonso Roy, miembro fundador del Partido Solidaridad de Panamá y ya fallecido, «los españoles que venían al Istmo, eran hombres jóvenes, bien formados, y robustos, en otras palabras, en perfecto estado de salud y muy aptos para las fuertes y agobiantes tareas de las excavaciones por pico y pala, expuestos a lluvia o sol y en ambientes calorosos y húmedos». La Compañía del Canal no había firmado con estos trabajadores ningún contrato legal, sino que las condiciones impresas y aceptadas, que aparecían en el boleto de viaje hacia Panamá, se consideraban como un documento de valor y por medio del cual se regía la relación laboral de quienes buscaban un futuro mejor.

Con esta forma de actuar, la Comisión del Canal esperaba «un comportamiento digno y un desempeño eficiente en las funciones encomendadas, además de mostrar interés y rapidez en el desempeño de las mismas». De no cumplir estos parámetros que marcaba la Comisión, el contrato se podía declarar nulo.

El caso gallego
«Entre la década de los 60 y 70 el Municipio de Boborás ve disminuir su población en un 40 por ciento», recuerda el historiador y experto en la emigración gallega a Panamá Francisco Sieiro. «Se tiene constancia que a finales del siglo XIX hay presencia de vecinos de Boborás [O Carballiño, Ourense] en tierras centroamericanas, más en concreto de la parroquia de Albarellos. Al parecer, trabajan en la construcción del Canal de Panamá», señala. En esta época, el país se convierte en el «gran dinamizador de la vida económica de esta parroquia a lo largo del siglo XX», donde la colonia de vecinos de Albarellos y Feás es la más numerosa de toda la comunidad española residente en aquel estado centroamericano. No obstante, no será a partir de los años 60 cuando se produzca la mayor oleada migratoria al Istmo y aquellos emigrantes se dediquen a crecer económicamente con el negocio de las mueblerías. «En la actualidad todavía quedan gallegos en Panamá, según el Censo electoral de gallegos residentes en el extranjero, hay inscritos 1.874 (de ellos 1.323 de la provincia de Ourense). Ya que todavía permanece allí instalada una importante comunidad, la mayoría regentando negocios que van pasando de padres a hijos, aunque muchos de esos «padres» estén disfrutando de su jubilación en Galicia», concluye el experto.

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