Fina y Bene, 50 años sin pisar Galicia

  • Muchos de los que esperaban en Lavacolla confiaban en que las fotos que tenían de sus familiares fueran suficientes para poder ponerles cara.

La historia de Nieves Jarazo es muy parecida a la de los personajes que llenaban la salida de viajeros del aeropuerto santiagués de Lavacolla.

Familiares directos, parientes menos allegados y amigos hacía años que no veían a los que partieron décadas atrás hacia Argentina, Uruguay, Brasil o Cuba para encontrar un futuro mejor.

Fue el caso de Fina Jarazo, quien se marchó en 1959 a Buenos Aires junto a su marido, cuando todavía era muy joven. 18 días en barco, mareos y mucha morriña la acosaron nada más al llegar al continente americano. No obstante, superó bien el periodo de adaptación y ahora, 50 años después, afirma que vive «muy bien» en Buenos Aires.

Su hermana, Nieves Jarazo, esperaba junto al resto de los familiares su llegada. Ellos reconocían que no sabrían muy bien si distinguirían a Fina entre el resto de viajeros, pero confiaban que las fotos que les habían llegado en las fechas claves, como en Navidad o en los aniversarios, serían suficientes para ponerle cara a su hermana. Así que estuvieron esperando buena parte de la mañana para verla salir. Pero la memoria, al igual que las fotografías, les fallaron. En un primer momento, no reconocieron a Fina cuando salía de entre la cola de los cientos de emigrados que venían de Buenos Aires. Así que su familia tuvo que dirigirse hasta los buses que llevaban a los gallegos emigrados a un centro de O Carballiño para preguntar por Fina Jarazo, que les esperaba con los brazos abiertos.

55 años sin pisar Galicia
«Me llamo como el Papa, pero prefieron que me digan Bene», bromeaba un pontevedrés que llevaba 55 años sin pisar Galicia. «Lo primero que voy a hacer es ir a ver a mi hermano a Barcelona», comentaba, ya que desde que se fue, cuando ni siquiera tenía 17 años, no había estado en España.

Bene reconocía que «mantenía la relación con sus familiares» y que «hablan mucho por teléfono», aunque no se veían. ¿Y que sientes ahora?, le preguntaban los periodistas. «Algo que no puedo expresar con palabras», contestaba emocionado.

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