INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA XUNTA, ALBERTO NÚÑEZ FEIJÓO, EN EL ACTO CONMEMORATIVO DEL DÍA DAS LETRAS GALEGAS 2013

  • El presidente da Xunta en el acto de celebración del Día das Letras Galegas 2013. Foto: Ana Varela
    El presidente da Xunta en el acto de celebración del Día das Letras Galegas 2013. Foto: Ana Varela
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    El presidente da Xunta en el acto de celebración del Día das Letras Galegas 2013. Foto: Ana Varela
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    El presidente da Xunta en el acto de celebración del Día das Letras Galegas 2013. Foto: Ana Varela
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Santiago de Compostela, 16 de mayo de 2013.

 

Saludo cordialmente al nuevo Presidente de la Real Academia Galega, que recientemente ha tomado posesión de su cargo;

También a las autoridades presentes.

Saludo de manera especial a la viuda y a toda familia de Roberto Vidal Bolaño;

Señoras y señores.

Los gallegos sabemos que Babel no fue una maldición. Por experiencia podemos afirmar que la proliferación de lenguas no estaba destinada a crear confusión entre los hombres y mujeres, sino a aprehender mejor la realidad. Los gallegos tenemos que estar de acuerdo con la hermosa idea de que la obra de la humanidad era demasiado grande y compleja para ser comprendida en un solo idioma, que las emociones de los mortales eran demasiado ricas para caber en una sola lengua.

Tenenmos así que la riqueza expresiva del mundo no lo limita, sino que amplía el espíritu humano. Cada lengua añade elementos nuevos a las otras. Como saben traductores e intérpretes, hay matices escondidos en palabras, que no encuentran una correspondencia exacta en otras lenguas. Esto es así porque los idiomas nacen en realidades diferentes, expresan paisajes geográficos y humanos distintos.

Cada idioma es un retrato de lo que es, del que fue y de lo que quiere ser un país. Para conocer una comunidad humana determinada, hace falta investigar en su idioma y dialogar con él.

Por eso las lenguas se necesitan unas a las otras. Se complementan porque son parte de un todo común.

Su proliferación no fue ninguna maldición, pero sí lo es insistir en su enfrentamiento, o pensar que pertenecen en exclusiva a alguien. Las lenguas son inocentes. Son los hombres los que a veces las pervierten para convertirlas en manzanas de la discordia. Preservar el significado primigenio de la lengua como factor de unión, es una misión que sus hablantes jamás podemos olvidar.

En ese reparto que el Creador hace en el comienzo de los tiempos, los gallegos tuvimos la suerte de ser uno de los pueblos distinguidos con el tesoro de un idioma propio. Eso fue así porque tenemos una manera peculiar de estar en el mundo y de entenderlo. Tenemos una manera propia de sentir que requiere un código lingüístico adecuado, capaz de agotar nuestras posibilidades expresivas. La lengua fue un don que conservamos, cultivamos y engrandecemos. La lengua fue la gran compañera que estuvo con nosotros en la enfermedad y en la salud, en la pobreza y en la riqueza, en la tristeza y en la alegría.

El gallego es una herramienta de libertad. En él nos sentimos libres. Él nos une. Nos ayuda a entender nuestro entorno. Y no nos enfrenta con nada ni con nadie. Es un puente con todo y con todos. A lo largo de la historia, que tengamos una lengua a la que pertenecemos y que nos pertenece, nunca fue un obstáculo para hacer de nuestro país una tierra abierta. La lengua no nos aísla ni nos cierra. No fue nunca la lengua gallega un baluarte sino una casa común hospitalaria, apta para recibir el  aporte de otras culturas.

Galicia está en el mundo y el mundo está en Galicia. Vivimos en un tiempo que no admite identidades cerradas o monolíticas. Prosperan los pueblos orgullosos de sí mismo, pero con identidades abiertas, mientras que desfallecen los que interpretan cualquier influenza como algo hostil.

Nosotros no queremos desfallecer. Nosotros no estamos desfalleciendo. Galicia viene de lejos y va para lejos, y en esa larga andadura nuestra por los siglos, el idioma nos da fuerzas y nos ayuda a recordar lo que somos.

Ese idioma es un monumento colectivo, siempre inacabado y donde todos tienen cabida. Pero en ese trabajo artesanal anónimo hay personas que se distinguen, modelos en el que nos miramos y ejemplos que admiramos.

Gentes que hicieron cierto la afirmación de Castelao: "Una lengua es mas que una obra de arte; es matriz inagotable de obras de artes".

Es el caso de Francisco Fernández del Riego, de cuyo nacimiento se cumplen cien años. Él elevó el prestigio de la Real Academia Galega, haciendo de ella un lugar de encuentro. Recuperó a Rosalía en tiempos lúgubres en los que eran necesarias antorchas encendidas. Tuvo la iniciativa de establecer una fecha dedicada al idioma y a la palabra. Gracias por tanto esfuerzo. Gracias por un entusiasmo del que somos deudores.

Es el caso también de quién Xesús Alonso Montero definió como "nuestro Aristófanes". Ciertamente el valor de Roberto Vidal Bolaño en el teatro gallego es muy semejante al que tuvo el autor de Las nubes en el teatro griego. Cuando el gallego estaba valorizado como palabra escrita, Vidal Bolaño plo prestigia como palabra dicha en los escenarios teatrales y audiovisuales. Lleva a ellos la Galicia que conoce, una Galicia en la que no faltan víctimas y perdedores.

Celebramos en él al creador del moderno teatro gallego, al autor, creador y actor, pero sobre todo a un hombre libre que hizo del sombrero negro y la nariz de payaso un símbolo de su rebeldía. No era justo que narradores y poetas estuvieran por encima de los hombres de teatro, sabiendo como sabemos que el teatro es poesía y narrativa en acción, desde los tiempos en los que Aristófanes denunciaba las taras de su tiempo.

Señoras y señores. Juntos formamos un pueblo de palabra, juntos somos el pueblo de la palabra. La palabra es el elemento que nos constituye y nos identifica. La palabra es lo que nos queda de nuestros antepasados, y lo que legaremos a las generaciones posteriores porque las palabras son inmortales. Con ellas amamos, luchamos y describimos mundos nuevos.

Cada uno de nosotros es un ser aislado, pero en comunidad formamos un gran país. Cada palabra solitaria parece poco, pero hiladas son un ejército pacífico que forma una lengua.

Estamos aquí para reafirmar nuestro compromiso con ella. Le pertenecemos a ella; y ella nos pertenece. Está con nosotros desde siempre, y va a estar siempre porque en ella tenemos depositados nuestros anhelos más hondos. En aquel reparto del escaso tesoro de las lenguas, nos tocó la mas hermosa. Seamos dignos de ella.

 

Muchas gracias.

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