El 50% de inmigrantes de segunda generación se siente español o española

El mayor estudio realizado en este país confirma un avance constante hacia la integración.

Las y los expertos lo atribuyen la que no se formaron grandes guetos.

  • Alumnas inmigrantes en el instituto Eugeni D'Ors de Badalona. Foto: Joan Guerrero (El País).
    Alumnas inmigrantes en el instituto Eugeni D'Ors de Badalona. Foto: Joan Guerrero (El País).
  • Aspiraciones educativas. Foto: El País.
    Aspiraciones educativas. Foto: El País.
  • Expectativas educativas. Foto: El País.
    Expectativas educativas. Foto: El País.
  • Tipo de educación que cursan los hijos e hijas de emigrantes. Foto: El País.
    Tipo de educación que cursan los hijos e hijas de emigrantes. Foto: El País.
Listen to this page using ReadSpeaker
Madrid, 13 de mayo de 2013.

El 50% de los hijos e hijas de aquellos y de aquellas inmigrantes que llegaron a España en la década de los noventa, hoy adolescentes, se sienten españoles o españolas. El porcentaje es aun mayor entre las y los que nacieron en el país (80%) frente a las y a los que llegaron a edades tempraneras. Así lo concluye la Investigación Longitudinal sobre la Segunda Generación en España, elaborada por el Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Universidad de Princeton, publicada ayer, la mayor realizada sobre esta generación, con 6.900 encuestados y encuestadas en 180 centros escolares (públicos y concertados).

"Estos resultados indican un avance lento [en 2008 sólo el 30% de esos chicos y chicas se sentían en casa] pero favorable en términos de integración", asegura Alejandro Portes, uno de las personas coautoras, junto con Rosa Aparicio, del estudio. Héctor Cebolla, profesor de Sociología en la UNED, experto en la materia, coincide. "Es un éxito si se tiene en cuenta que la mayoría de inmigrantes (los padres) llevan muy poco tiempo en el país, apenas una década," dice. "El sorprendente es que los hijos se sientan españoles. Las segundas generaciones son mayoritariamente autóctonas, nacido en España, pero su proceso de socialización se produce en la familia, y los padres son personas extranjeras que se comportan como tales", explica. "Seguramente este porcentaje que se siente español aumente en el futuro", augura Cebolla.El colectivo aspira a la misma formación y empleo que el resto de españoles y españolas

El estudio destaca que menos de un 10% de los hijos e hijas de inmigrantes dice haberse sentido discriminado. Para el hijo de 11 años de Miguel Ángel González, venezolano, ese fue uno de los principales escollos cuando llegó la España con ocho. Le costó bastante ser aceptado, hasta cambió su manera de vestir y hablar. Por su acento, parece que hubiera nacido aquí, explica al padre, dueño de una franquicia de mensajería, que quiere que su hijo "no olvide sus raíces".

Cebolla señala que la dispersión en el territorio español de la población inmigrante también contribuyó a la integración de las segundas generaciones. "No" se formaron "guetos, ni grandes concentraciones como acontece en otros países", indica. En las encuestas realizadas por las y los investigadores en 2012, las y los procedentes de Filipinas y de Bulgaria fueron las y los adolescentes que declararon sentirse españoles o españolas en mayor proporción, mientras que las y los chinos y bolivianos y bolivianas mostraron un mayor desarraigo. "Quizás por su relación más estrecha con su propio colectivo", indica Aparicio.

Sus hogares son más humildes, pero sacan las mismas notas que los demás
Más allá del sentimiento de pertenencia al país, las y los llamados inmigrantes de segunda generación, en realidad hijas e hijos de personas extranjeras nacidas en España o traídos a edades tempraneras, comparten con las y los jóvenes españoles sus aspiraciones respecto a los estudios y el empleo. En torno a un 70% desearía cursar estudios universitarios y de posgrado, sobre todo ellas (77%). Aunque sus expectativas de conseguirlo son, en muchos casos, inferiores, debido a los ingresos modestos que entran en sus hogares. Sólo un 57% espera realmente acceder a la universidad.

No es el caso del hijo de Miguel Ángel González, inmigrante venezolano, que a punto de cumplir los 12 años, ya sabe que quiere ser informático y tiene un blog sobre el tema que "actualiza diariamente", dice al padre. "Sus notas son de sobresaliente". Por eso González cree que el suyo pequeño conseguirá sus metas profesionales.

Menos de un 10% de las y de los encuestados dicen haber notado discriminación
Los investigadores hacen una lectura positiva de la alta permanencia en el sistema escolar de las y de los encuestados. Un 80% de los jóvenes y jóvenes de 17 a 18 años encuestados en 2008 continuaban sus estudios en 2012 cuando fueron entrevistados por segunda vez para el seguimiento del devenir de sus vidas.

Así, Portes destaca que "la mitad tiña avanzado" en su educación, aunque solo un "privilegiado 5%, había alcanzado la universidad. "Sólo un tercio de la muestra aun seguía luchando por terminar la secundaria o en programas de calificación profesional inicial (PCPI)", indicó al investigador de Princeton.

Las y los chinos dejan pronto los estudios para colaborar con el negocio familiar
Hay diferencias entre países: las y los dominicanos y los chinos y chinas son los que más abandonan. "Los hijos de chinos son de los que más dejan los estudios porque pronto se incorporan a las empresas familiares. No obstante, los que quedan en la escuela son los que más avanzan y mejores notas tienen", apunta Portes.

Aunque, en conjunto, la nota media de las y de los inmigrantes de segunda generación (6,15) es solo medio punto porcentual inferior a la de lasz y los adolescentes españoles y españolas. La media es, no obstante, superior en los hijos e hijas de padres de Europa occidental, mientras que procedentes de Bolivia, República Dominicana y Marruecos aprueban raspado. Este atraso puede deberse, en opinión de Portes, a dos aspectos: el menor nivel de estudios en los países de origen (en el caso de las y  los que llegaron de muy jóvenes) o la baja calificación académica de los padres.

Los indicadores de abandono escolar, desempleo, así como los de las aspiraciones académicas, son muy parecidos entre las y los inmigrantes de segunda generación y las y los jóvenes autóctonos (de padres españoles). "Sólo se observan diferencias en cuanto a la ventaja académica en términos de notas y en los ingresos familiares", destaca Portes. Pese a compartir ambiciones, las familias de padres inmigrantes cuentan con menos capacidad económica para afrontarlas. El 66% de los hogares de las y los encuestados no supera los 1.500 euros mensuales, frente al 25% de los hogares de españoles que viven por debajo de esos ingresos.

También el desempleo causa efecto en los inmigrantes de segunda generación, según esta investigación el 16% se declara en el paro, un porcentaje parecido a las jóvenes y a los jóvenes españoles de la misma edad (14%).

Pese a que las y los jóvenes avanzan en sus expectativas de educación futuras y en su identificación con el país, "una pequeña minoría" da síntomas preocupantes, como "maternidad o paternidad prematuras o encuentros con la policía", reconoce el documento.

Ellas son más ambiciosas
“La ventaja femenina se ve en todos los ámbitos académicos”, señala Alejandro Portes, autor del estudio sobre inmigrantes de segunda generación. Ellas tienen ambiciones más altas, sacan mejores notas y logran en mayor medida sus aspiraciones de lograr un título universitario o de posgrado. Una música que en España ya suena conocida entre los autóctonos.

Así, las adolescentes nacidas en España hijas de inmigrantes o llegadas de niñas continúan sus estudios en mayor proporción que los chicos. Un 86,3% de las encuestadas en 2008 para el estudio, seguían en el sistema escolar cuatro años después, cuando se las volvió a entrevistar. Ellos fueron un 82,7%. Pero las adolescentes también aventajan a sus compañeros varones en el nivel académico alcanzado en ese tiempo. Casi la mitad de las jóvenes cursaban bachillerato en 2012, frente a un 39,3% de los estudiantes masculinos. Incluso más, un 6% de las encuestadas estaban en la universidad, dos puntos por encima de sus compañeros de generación.

En este sentido, Portes señala que las ambiciones “son muy importantes” porque si un joven desea ir a la universidad puede que lo consiga o no, pero si no aspira a ello, “seguro que no”. Y las mujeres inmigrantes de segunda generación tienen aspiraciones más altas. El 77% quiere ir a la universidad, un 7% más que los chicos. “De nuevo ellas les sacan ventaja”, dice el autor. Más aún, una de cada tres adolescentes encuestadas dijo que le gustaría cursar un título de posgrado. Solo un quinto de los varones expresó el mismo deseo. Y todo con mejores notas. Ellas suben la media.

 

Fuente y foto: El País

 

1630 lecturas