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Mariñas: nombre dado en Galicia a las papas o patacas venidas de América.
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Abrenoite: nombre gallego que se da al murciélago.
verdeoscuras de las
mariñas
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que trajera a Baiona, en su segundo viaje de
las Indias Occidentales, el muy meritorio don Cristóbal Colón, hoy en la
gloria de Nuestro Señor. No muchos habíamos probado el insípido tubér-
culo, pues con mis jóvenes amigos de la aldea solíamos asarlas al rescoldo
de la lareira y algunas sabían a desabridas castañas nuevas, aún si les agre-
gábamos unas gotas de miel silvestre y una copa de vino para componer-
les el gusto.
Mis obligaciones de paje de cámara ceñíanse a lo propio del servi-
cio en los aposentos de los señores de Lemos. Así, doña Beatriz me reque-
ría a su lado en las extensas veladas que transcurrían entre las primeras
horas de la siesta y el momento en que el
abrenoite
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inauguraba la jorna-
da de las sombras. Entonces, ella escribía en un extremo de su recámara,
junto a la fenestra que daba al jardín, reclinada sobre una mesilla de nogal
donde esparcía los amarillos folios frente al tintero de plata y una cajuela
de laca china que contenía plumas de ánade. Durante las primeras horas
de trabajo se escuchaba el rasguido leve contra el papel, como patas de un
gran insecto que quisiera liberarse de un peso torturador. Avanzada la
tarde comenzaban las pausas. Doña Beatriz alzaba la negra cabellera y con
leve ademán pedíame le escanciase una horchata. Bebía quedamente y
luego me solicitaba:
–Escucha este soneto, Rodrigo, y después dime cómo te suena...
–Vuesa merced me perdone, pero muy poco sé de poética.
–Algo te habrá enseñado el canónigo Valenzuela y Bórquez, hom-
bre de muchos saberes y buena prosapia, aunque ligero de lengua y dema-
siado liberal para los aires que soplan en la Corte y en la Iglesia... Lo
demás va por cuenta de tu oído y de tu voluntad.
Y su voz argentina, como un trino, rasgaba el pesado velo de la
tarde. Yo ponía el oído atento, pero mi opinión, ya fuese por el camino de
la música o del metro lírico, estaba de antemano viciada por el atractivo
Memorias del último reino
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