Page 81 - Justa distribucion del sufragio

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1. LA COMPENSACIÓN DEL ERROR
De pocas cosas podemos estar tan seguros en el mundo como de nues-
tra constante comisión de errores. Los hombres nos equivocamos a cada
paso. Tanto al conocer como al actuar, el acierto es una rareza. La políti-
ca no es una excepción. Yerran jefes de Estado, presidentes del Gobierno,
ministros, funcionarios ... Yerra también el pueblo. A pesar de lo que a
veces se dice, en frases tan pretenciosas como “
vox populi, vox Dei
”; el
pueblo entero padece también confusiones de manifiesta importancia. Las
padece sobre todo en las elecciones, cuando se le convoca para escoger a
sus futuros gobernantes. ¿Cuáles son las causas de su error? Es cierto, por
una parte, que las leyes electorales, lejos de favorecer, como debieran, el
acceso de los mejores a los cargos públicos, procuran sin disimulo, cedien-
do al interés de partido, que se dé preferencia incondicional a los propios
candidatos, aun a sabiendas de haber omitido en sus listas muchos otros
más idóneos para desempeñar las funciones que les incuben. Esto contra-
dice el fin de las normas electorales. Pues ¿son para otra cosa que para
reclutar a quienes presumiblemente lo harán mejor? No se trata, en rea-
lidad, de optar por un Partido u otro, pues, si así fuera, serían innecesarias
las listas, sino de
seleccionar personas
. Por eso, la Ley electoral debe
transparentar, para que lo tengan presente los votantes, que, al depositar
sus papeletas en la urna, ellos cumplen el cometido más relevante que
cabe a cualquier Tribunal selectivo: designar al equipo que acaudillará la
Nación. Y si el pueblo debe adquirir conciencia de la índole y transcen-
Justa distribución del sufragio como poder
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