donde havía varios Españoles armados, haciendo fuego a una Columna de ene-
migos, que estavan por esta causa sin determinarse a salir de la Calle que ocu-
pavan detras de la iglesia de Sto. Domingo. Desde dha azotea mandé hacer algu-
nas descargas con oportunidad y daño de los enemigos, ordenando tambien la
suspensión del fuego quando lo contemplé inutil. En este estado, puso bandera
parlamentaria dha columna, e inmediatamente resolví ir a recibirla, pero se
opusieron los Españoles que ocupavan las expresada azotea, diciendo que como
una hora antes, la misma Tropa habia hecho fuego sobre un Oficial Español y
algunos otros que habian ido a conferenciar con ella, a virtud de la propia ban-
dera parlamentaria, de cuias resultas murieron unos, y quedaron heridos otros;
pero no obstante esto insté tantas veces, que pude reducirlos a que me abriesen
la puerta de la Casa. A la frente de pocos milicianos que me acompañaron me
presenté delante de la columna enemiga que tenía a su caveza un Cañón.
Conferencié con los oficiales enemigos que la mandavan; les intimé su rendi-
ción, y combinieron en ella con solas las condiciones de salvarles la vida, y los
honores de la guerra. De mas de doscientos hombres contemplé la fuerza de dha
columna. Pregunté si estava cargado el cañón que tenian al frente; los oficiales
me respondieron que no, y que de ello podía asegurarme del modo que gustase.
Con esta franqueza, metí mi sable en el cañón, y entonces se irritaron un sol-
dado de la primera fila y un artillero; este me dió dos estocadas en un brazo, y
el otro me tiró un bayonetazo al vientre, de cuio riesgo escapé apartando el cuer-
po quanto pude, quedando no obstante herido del brazo en dos partes, aunque
no de riesgo segun los facultativos. Estos dos soldados fueron reprendidos aspe-
ramente por sus oficiales, quienes me dijeron hiciese venir Tropa para marchar
en medio de ella, pues que de lo contrario no se resolvían a salir de aquel punto
por temor de la gente nuestra que estava en las azoteas del transito. Por esta
razon pase inmediatamente a dar cuenta de todo al Sor. General Dn. Santiago
Liniers, venciendo el riesgo de la plazuela de Santo Domingo, desde cuia torre
y cima de las bovedas hacían fuego los enemigos que se havian apoderado de
aquella Iglesia y Convento contra quantos pasavan. Yo fui el unico oficial que
en la citada ocasión salió a parlamentar y tratar con dha columna lo que ba
expuesto; despues de estar Yo allí, concurrieron otros con algunos milicianos,
quienes quedaron esperando el resultado de mi aviso al Sor. General. Las tro-
pas enemigas apoderadas de Santo Domingo, asi como las conque parlamenté
El Tercio de Gallegos
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