Mensaje de Fin de Año del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo

  • Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia
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Mensaje de Fin de Año del presidente de la Xunta de Galicia
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Ourense, 31 de diciembre de 2019.

Estamos en tiempos de Navidad y aulas como esta están vacías. Sin embargo son un lugar adecuado para reflexionar con todos ustedes sobre la Galicia que compartimos. Esa Galicia tiene en las escuelas e institutos la mejor garantía de que nuestro éxito colectivo va a proseguir en el futuro. Lo sabían nuestros emigrantes siempre preocupados por patrocinar, mediante las llamadas “escuelas de indianos”, una educación que ellos consideraban fundamental para el resurgimiento de nuestra tierra.

Su esfuerzo fructificó y el esfuerzo educativo hecho por la Galicia autogobernada acaba de ser avalado por el conocido Informe Pisa, el estudio internacional más prestigioso sobre la calidad de la enseñanza. Nuestra comunidad se sitúa en cabeza de las autonomías españolas en Ciencia y en los primeros puestos en Matemáticas.

Es un mérito de los escolares, de los enseñantes, de las familias y también de la sociedad en la que viven y se forman nuestros jóvenes. En un tiempo que es pequeño en términos históricos, Galicia pasa de sufrir un sistema educativo precario y desigual, a contar con medios y recursos humanos y materiales que nos equiparan con los países más adelantados. En aulas como esta se proporciona una Enseñanza Pública de calidad y con igualdad de oportunidades.

Los niños y los jóvenes, las niñas y las jóvenes, son nuestro principal activo. Por eso, nunca será suficiente el esfuerzo por dotar nuestro sistema educativo no solamente de herramientas pedagógicas, sino también de valores como la tolerancia. Sentir orgullo de lo que somos sin que eso implique rechazar a nadie forma parte de nuestra manera de ser y ayudará a nuestros jóvenes a desarrollarse mejor en un mundo que les pertenece.

La Galicia que va a entrar en el 2020 está en un mundo complejo, en una Europa que afronta serias disyuntivas y en una España sometida a sobresaltos. En ese contexto lleno de sorpresas poco tranquilizadoras, Galicia forma parte de los pueblos que consideran la estabilidad como un requisito para el bienestar de las personas.

La experiencia demuestra, en efecto, que la inestabilidad conduce a la parálisis política y, por eso, al retraso interminable de decisiones urgentes. La política que propicia la inestabilidad deja de ser un motor de la sociedad para convertirse en un obstáculo. La política cautiva de posiciones extremas, altera la armónica convivencia de las personas.

Tanto una como la otra están lejos del carácter propio de los gallegos, pero afectan negativamente a los intereses gallegos. Galicia sigue esperando por recursos que son suyos y que están inexplicablemente retenidos por la Administración central.

Galicia siente una lógica inquietud por la indefinición de la fecha de finalización de las obras del AVE. Galicia asiste con estupor a una errática política que parece destinada a condenar a una parte de nuestro sector industrial, a pesar de su capacidad tecnológica y su adaptación al mercado. Especialmente en estas fechas tenemos en la cabeza a las familias que padecen esta incertidumbre.

Mientras tanto se priman acuerdos con fuerzas y líderes juzgados y condenados, que tienen el propósito confesado y ratificado de socavar primero la España de las Autonomías para fragmentarla mediante procesos de ruptura. Y se descartan entendimientos basados en la moderación que propició la etapa más fecunda de nuestra historia. Galicia no permanece ni permanecerá callada cuando la necesaria estabilidad de nuestra nación común se entrega como moneda de cambio.

En estas aulas del Instituto Blanco Amor de Ourense fui alumno y ahora soy un alumno de Galicia. Un gobernante tiene el deber de aprender constantemente de su pueblo. Es la mejor manera de acertar y de saber cuándo uno se equivoca. Rectificar decisiones equivocadas, mal explicadas o mal entendidas, forma parte de los deberes de un político con responsabilidades públicas; así lo entiendo.

Y ser un pueblo reivindicativo, consciente de sus deberes y derechos, es algo que caracteriza a nuestra Comunidad y que supone un constante acicate para sus gobernantes.

Galicia es un aula ampliada en la que se practica a todas horas una reivindicación que va de la mano de la unidad: la misma unidad que predicó sin descanso la Xeración Nós, cuyo centenario celebramos en el 2020.

Como la Xeración Nós, Eduardo Blanco Amor –que da nombre a este instituto y en el que en este 2019 se cumplen 40 años de su fallecimiento– formó parte del elenco de gallegos ilustres que trabajaron por el resurgimiento sin rencores ni revanchismos, sin excluir a ningún gallego de bien dispuesto a trabajar en la obra común. A él le debemos una obra memorable, y sobre todo un pensamiento integrador que hoy tiene más vigencia que nunca, frente a tendencias que se empeñan por fraccionar naciones, pueblos y sociedades.

Juntos somos más fuertes. El aliento de un pueblo unido llega con más intensidad a las personas y colectivos que padecen situaciones difíciles, como los trabajadores de industrias golpeadas por problemas internos o por decisiones o indecisiones de índole política; como los enfermos; como los marginados y emigrantes; como las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia machista.

Todos formamos parte de una comunidad que es tal porque tiene muchas cosas en común y quiere seguir caminando unida sin dejar atrás o de lado a nadie. Pensando sobre todo en lo que garantiza nuestro futuro:

  • Las familias, que desde el próximo 1 de abril no pagarán guardería a partir del segundo hijo.
  • O los jóvenes, que tienen por primera vez transporte gratis en las líneas que dependen de la Xunta hasta los 21 años.
  • O en la Galicia verde, que queremos dejar a la próxima generación, con instrumentos que aprobamos para apostar por una Galicia que luche contra el cambio climático y promueva la economía circular.
  • O en la Galicia innovadora, apoyando la ciencia y la innovación en las empresas para que el cambio de modelo genere oportunidades en lugar de incertidumbres.

Queremos que la Galicia de la nueva década sea más que nunca Galicia Calidade. Una Galicia que se marca nuevas metas y objetivos más ambiciosos para poder seguir sintiendo el orgullo de conseguirlos.

Esta aula es una buena metáfora de lo que Galicia significa. Por aquí pasamos varias generaciones y pasarán muchas más. Cada una es distinta y aporta ideas nuevas que se suman a las anteriores y se sumarán a las posteriores. Este instituto se va transformando aunque el recinto sea semejante. Evoluciona como lo hace Galicia, siendo la misma y siendo distinta, ejerciendo el mismo bilingüismo cordial que practicó Blanco Amor y reclamando siempre su lugar en España, en Europa y en el mundo.

Tomo prestadas las siguientes palabras para reiterar que “en Galicia no somos muchos, pero Galicia es mucho”. Quien lo ponga en entredicho puede comprobarlo en la exposición Galicia, un relato en el mundo que sigue abierta en la Cidade da Cultura. En ella verificará que los gallegos estamos presentes en todos los hitos de la historia y somos referentes en las principales corrientes culturales. Siempre hay una huella gallega, una aportación, un ingrediente.

En el año que dejamos atrás, esa presencia gallega continuó siendo relevante y en el año que recibimos –pórtico del Xacobeo del 2021– Galicia volverá a ser un foco de tolerancia, solidaridad y unidad. Afirmar que tenemos futuro lejos de ser algo retórico tiene aquí, en aulas como esta, su fundamento.

Galicia es mucho. Galicia es todo. Feliz navidad y los mejores deseos para el nuevo año.

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