Declaración institucional con motivo de la muerte de Xerardo Fernández Albor
Estábamos manteniendo la reunión del Gobierno cuando conocimos la triste noticia del fallecimiento del Presidente Albor.
Xerardo Fernández Albor fue una de las piezas fundamentales de la historia gallega del siglo XX y, sobre todo, uno de los principales arquitectos de la Galicia autonómica de la que hoy todas las gallegas y todos los gallegos estamos disfrutando.
La deuda de gratitud que tiene esta tierra con Albor es tan grande que probablemente necesitemos muchos años para poder comprenderla en toda su importancia. Deuda de gratitud al Presidente Albor como Presidente de la Xunta, como intelectual, como doctor y como gallego.
Como Presidente de la Xunta, fue el máximo exponente de uno de los fundamentos de la política gallega: el sentidiño. Albor presidió Galicia en una época en la que todo estaba por hacer y él lo dejó hecho, pero siempre con la humildad y con la prudencia que lo caracterizó hasta el final.
Como intelectual, el Presidente Albor fue uno de los grandes teóricos del galleguismo inclusivo, de una idea de Galicia que no dejase fuera ningún sentimiento, ninguna identidad, que no excluyera a ningún gallego. La Galicia que imaginó Albor es la Galicia que tenemos hoy: profundamente gallega, profundamente española y profundamente europea.
Como doctor, abanderó una visión social y moderna de la medicina y mostró su compromiso con la formación de nuevos médicos y con la mejora del sistema asistencial en Santiago de Compostela.
Y como gallego, Albor demostró que se pueden atesorar todas estas calidades sin apartarse un palmo de su pueblo, a lo que siempre fue leal, a lo que siempre fue próximo y a lo que siempre fue accesible.
Galicia tuvo la fortuna de disponer de un hombre del Renacimiento en pleno siglo XX. Aunque podía haber escogido otros caminos en su vida —probablemente mucho más fáciles—, Albor situó a Galicia por delante de todos los caminos y puso su formación, su talento y su carácter al servicio del progreso de Galicia.
Su única motivación como Presidente de la Xunta la resumió en su primer discurso ante el Parlamento, tomando prestadas unas palabras de Castelao: “Dar a los gallegos luz en su noche, pan a sus demandas y dignidad a su vida”
La luz, el pan y la dignidad que tiene hoy Galicia son parte de la herencia que nos deja Xerardo Fernández Albor.
Es mucho lo que podemos destacar del legado de Albor, pues vivió 100 años de una vida extraordinariamente activa y fructífera: nos deja su compromiso con la lengua y la cultura propias de nuestra tierra; nos deja su visión de una Europa unida y de una España unida en la que Galicia tiene voz propia; nos deja una concepción de la política basada en la nobleza, en la generosidad y en el servicio público y nos deja su trabajo a favor de una Galicia autonómica, con capacidad para resolver nuestros propios problemas desde la lealtad hacia el resto de España.
Si la Galicia de 1917 tiene muy poco que ver con la de 2018, es gracias a personas como Xerardo Fernández Albor. Por eso creo sinceramente, y celebro habérselo dicho personalmente en varias ocasiones a lo largo de los últimos años, que Albor puede estar orgulloso de la Galicia que deja y que Galicia debe estar muy orgullosa de haber tenido como Presidente a Xerardo Fernández Albor.
Hoy, el Consello de la Xunta acaba de decretar tres días de luto oficial por su fallecimiento, como manera de expresar el dolor y el reconocimiento que nuestro pueblo siente hacia su figura. Se va —en sus propias palabras— un hombre que pensó que el diálogo es el mejor camino, que el otro puede tener razón y que el fin nunca justifica los medios.
Nos ha dejado el hombre, pero su obra y su pensamiento permanecerán siempre entre nosotros. Descanse en paz, Xerardo Fernández Albor.
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