Francisco Sieiro: «En parte, me siento emigrante todavía»

  • «Desde siempre se han considerado a los inmigrantes como ciudadanos de segunda y es un tópico que hay que desterrar. Ya que emigrar enriquece, y más aún en un contexto en el que la Galicia contemporánea está recibiendo inmigrantes, un claro ejemplo para mirarnos al espejo y reflexionar», sintetiza el historiador Francisco Sieiro.

Francisco Sieiro es hijo de uno de los fundadores del Centro Español de Changuinola, de Bocas del Toro, en Panamá. A pesar de su nombre, en el centro residían «un 100 por cien de gallegos, todos de la misma Comarca, la de Carballiño y el 90 por ciento del Ayuntamiento de Boborás (Ourense)». Este último municipio perdió, entre los años 60 y 70 hasta un 40 por ciento de su población debido a la emigración masiva de sus habitantes. Este hecho llamó la atención de un historiador panameño de raíces gallegas que ha dedicado su vida a estudiar la emigración al Istmo, un fenómeno que le ha hecho reparar en «grandes historias únicas, enriquecedoras y dignas de ser contadas». Aquí, solo hay una pequeña parte.

¿Qué funciones tenía el Centro Español de Changuinola, de Bocas del Toro?
A diferencia de la Sociedad Española de Beneficencia de Panamá, de más de 100 años de antigüedad, institución que tenía como labor fundamental la del Socorro y la de Beneficencia, la función del centro español de Changuinola era recreativa, lúdica y deportiva. El día grande del Centro era el 25 de Julio, día de Galicia. El centro pervivió durante más de 30 años hasta que el retorno masivo de los emigrantes hizo que cerrase sus puertas y se utilizase tan sólo en momentos puntuales.

¿Fue la influencia de su familia la clave que le motivó a dedicarse profesionalmente al estudio de la emigración en Panamá?
En efecto, nací y viví en Panamá hasta los 9 años, me licencié en Historia y me especialicé en Estudios Americanos, realizando el doctorado en Estudios Migratorios. Es interesante esta investigación ya que la mayoría de los estudios migratorios en Galicia se centran en Argentina, Cuba, Venezuela o México, y aunque el volumen de personas no fue tan masivo como a esos países, posee una serie de peculiaridades que la hacen muy característica y que difiere en muchos puntos a otro tipo de migraciones. Regreso muy a menudo a Panamá y en parte me siento emigrante todavía. Y como dice la canción: ... no soy de aquí ni soy de allá...

Los planes que tiene de futuro pasan por montar una exposición con el material que ha recopilado... ¿sigue en pie esa idea?
Mi principal meta es terminar mi tesis doctoral sobre la Emigración Gallega a Panamá. Respecto al montaje de la Exposición, cuento con el apoyo del Arquivo da Emigración Galega del Consello da Culura Galega, además de la Embajada española de Panamá. Sólo falta el visto bueno de la Secretaría Xeral de Emigración de la Xunta de Galicia, que son los que aportarían la mayor parte de la financiación. La idea es que sea itinerante, es decir, que recorra todos los centros gallegos de Panamá y que se exponga también en Galicia.

¿A qué se dedicaban principalmente los gallegos emigrados en Panamá y por qué escogían ese destino minoritario? ¿Tuvo que ver con la famosa construcción del Canal?
Es muy interesante ver la evolución profesional de los gallegos emigrados al Istmo, efectivamente hay presencia de gallegos en la Construcción del Canal hace casi 100 años, eran muy bien valorados y definidos por los ingenieros americanos encargados de las obras como «muy trabajadores». Muchos de ellos retornaron a Galicia, otros reemigraron a distintos países de América y solo algunos se quedaron en Panamá.

Es sobre todo en los años 60 y 70 cuando se produce la emigración masiva al país centroamericano. En esa época, las profesiones eran diversas y muchos gallegos empezaron de vendedores ambulantes, aunque la mayoría montaron sus propios negocios en régimen de asociados, y sólo con otros gallegos. El negocio mayoritario en la década de los 60 fue el de las mueblerías, llegando a ejercer ellos prácticamente el monopolio. Los gallegos eran conocidos despectivamente como «mueblicultores», bastantes de las mejores y más antiguas mueblerías que la actualidad perviven en Panamá son de gallegos.

¿Y qué ha sido ahora de aquellos emigrantes?
El fin último de la mayoría de los gallegos asentados en Panamá era el retorno, como señaló en su día S. Baily: «La expectactiva de todo inmigrante, en una primera fase, es la de subsistir; pero el verdadero éxito consistía en obtener un excedente les permitiese alcanzar los objetivos por los que vinieran». Así, su fin último era ahorrar y regresar a Galicia. Y es que en Galicia la emigración todavía es una herida abierta ya que las migraciones no son procesos lineales, es decir, de ida y vuelta; sino circulares, de movilidad de población. La mayoría de los emigrantes regresaron a su tierra, la mayor parte cumpliendo sus objetivos iniciales, y muchos hicieron verdaderas fortunas.

En la actualidad todavía quedan gallegos en Panamá, según el Censo electoral de gallegos residentes en el extranjero, hay inscritos 1.874 (de ellos 1.323 de la provincia de Ourense). Ya que todavía permanece allí instalada una importante comunidad, la mayoría regentando negocios que van pasando de padres a hijos, aunque muchos de esos «padres» estén disfrutando de su jubilación en Galicia.

Las costumbres no se pierden, muchos de los que todavía permanecen allí regresan a menudo. Además, he visitado todo el país y charlado con muchos gallegos y el arraigo a la tierra es muy fuerte; en un país tan exótico y pequeño como es Panamá, todavía sigue sonando la gaita, se sigue comiendo pulpo y churrasco y escuchando «maloserá» en muchos de sus rincones.

Seguro que durante su investigación ha encontrado testimonios sorprendentes...
Una de las ventajas con las que cuento en mi investigación es que mi fuente principal es la historia oral, es decir, el testimonio vivo de los artífices de esa emigración. Todas esas historias son únicas, enriquecedoras y dignas de ser contadas, y sería un error no mencionarlas todas. Me gusta enfatizar que donde hay un gallego, allí está Galicia. Desde siempre se han considerado a los inmigrantes como ciudadanos de segunda y es un tópico que hay que desterrar. Ya que emigrar enriquece, y más aún en un contexto en el que la Galicia contemporánea está recibiendo inmigrantes, un claro ejemplo para mirarnos al espejo y reflexionar.

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